Gabriel García Márquez y El amor en los tiempos del cólera

Spécialité espagnol : approfondissement possible pour le carnet de culture (chapitre 1 : Diversité du monde hispanophone / pluralité des langues et des espaces) : la obra de Gabriel García Márquez El amor en los tiempos del cólera y su adaptación cinematográfica

En la canción Latinoamérica de Calle 13 estudiada en clase aparece el verso « Soy El amor en los tiempos del cólera, mi hermano », que se refiere a la novela de García Márquez publicada en 1985.

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  • Ver el tráiler de la adaptación de 2007, realizada por Mike Newell
  • Leer un extracto de la novela
  • Escuchar la banda sonora, compuesta por Antonio Pinto e interpretada por Shakira

 


Resumen

Publicada en 1985, esta novela de Gabriel García Márquez consagrada al amor se inicia con dos muertes: la de Jeremiah de Saint-Amour, un refugiado antillano inválido de guerra, y la del doctor Juvenal Urbino, el cual, al regresar del domicilio de su amigo suicida, muere de una caída en el intento de recuperar un loro huido que se había refugiado en el mango del patio de su casa. “Sólo Dios sabe cuánto te quise”, tiene apenas tiempo de decirle el doctor Urbino a Fermina Daza, su mujer; la misma a quien un rato después Florentino Ariza, uno de los asistentes al velorio, le dirá: “Fermina: he esperado esta ocasión durante más de medio siglo, para repetir una vez más el juramento de mi fidelidad eterna y mi amor para siempre”. […] Un extenso salto hacia atrás nos permite a continuación conocer los antecedentes de la historia, de modo que no volveremos al momento inicial del relato hasta haber leído trescientas páginas largas de esta novela que alcanza las quinientas.

A lo largo de estas trescientas páginas asistimos, en gran parte, a la “educación sentimental” de Florentino Ariza, enamorado desde la adolescencia de Fermina Daza, con quien apenas cruzaba palabra; sin embargo, mantenía con ella una muy nutrida y apasionada correspondencia. A la vuelta de un viaje por el interior impuesto por su padre (que quería apartarla de su enamorado), Fermina Daza […] [tiene que casarse] con el doctor Urbino, a quien desdeñaba en un principio. […] Mientras esto ocurre, el cólera hace estragos y se suceden las guerras entre liberales y conservadores, sin que por ello se resienta demasiado la vida de la ciudad caribeña. Florentino Ariza, a pesar de seguir queriendo a Fermina, va pasando de mujer en mujer, de aventura en aventura, al tiempo que escala puestos en la compañía familiar de navegación fluvial, de la cual acabará siendo presidente.

Muerto el doctor Urbino, y de nuevo rechazado por Fermina Daza, Florentino Ariza volverá, como ya hizo en la adolescencia, a escribirle, a conquistarla poco a poco con su verbo apasionado, hasta lograr congraciarse con su antiguo amor. Finalmente, Fermina Daza acepta efectuar un viaje por el río Magdalena en uno de los barcos de la compañía, sin saber, hasta el último momento, que Florentino Ariza la acompañará.

Será en el río Magdalena donde Florentino y Fermina, que pasan ya de los setenta, se entregarán a su amor, con tanto apasionamiento que, para librarse de testigos y permanecer a solas en el barco, Florentino Ariza manda enarbolar la bandera amarilla del cólera en el viaje de vuelta, y una vez llegados a la desembocadura, y por lo tanto a la ciudad, vuelven a remontar el río; un Magdalena muerto debido a la tala excesiva de la selva, por el que bajan cadáveres con un tiro en la nuca o bien víctimas del cólera, pues los tiempos del cólera no han quedado atrás, pese a los partes de las autoridades sanitarias. Tampoco ha quedado atrás el amor, puesto que el amor es amor “en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más se acerca a la muerte”.

(Source)

Tráiler

Extracto de la novela

Excipit (parte final) de la novela

No se separaron un instante en los días siguientes. Apenas si salían del camarote para comer. El capitán Samaritano, que descubría por instinto cualquier misterio que quisiera guardarse en su buque, les mandaba la rosa blanca todas las mañanas, les puso una serenata de valses de su tiempo, les hacía preparar comidas de broma con ingredientes alentadores. No volvieron a intentar el amor hasta mucho después, cuando la inspiración les llegó sin que la buscaran. Les bastaba con la dicha simple de estar juntos.

No hubieran pensado en salir del camarote de no haber sido porque el capitán les anunció en una nota que después del almuerzo llegarían a La Dorada, el puerto final, al cabo de once días de viaje. […]

Abandonaron el refugio tan pronto como los pasajeros desembarcaron. Fermina Daza respiró el buen aire de la impunidad en el salón vacío, y ambos contemplaron desde la borda la muchedumbre alborotada que identificaba sus equipajes en los vagones de un tren que parecía de juguete. […] Fascinada por el espectáculo de maravilla que parecía ejecutado en su honor, pues sólo ella lo contemplaba, Fermina Daza no se dio cuenta en qué momento empezaron a subir en el buque los pasajeros del viaje de regreso. Se le acabó la fiesta: entre los que llegaban alcanzó a ver muchas caras conocidas, algunas de amigos que hasta hacía poco la habían acompañado en su duelo, y se apresuró a refugiarse otra vez en el camarote. Florentino Ariza la encontró consternada: prefería morir antes que ser descubierta por los suyos en un viaje de placer, transcurrido tan poco tiempo desde la muerte del esposo. A Florentino Ariza lo afectó tanto su abatimiento, que le prometió pensar en algún modo de protegerla, distinto de la cárcel del camarote.

La idea se le ocurrió de pronto cuando cenaban en el comedor privado. […] Florentino Ariza llegó hasta el final, y sólo entonces soltó una pregunta que al capitán le pareció el anuncio de una idea salvadora.

-Y hablando en hipótesis -dijo-: ¿sería posible hacer un viaje directo sin carga ni pasajeros, sin tocar en ningún puerto, sin nada?

El capitán dijo que sólo era posible en hipótesis. La C.F.C. tenía compromisos laborales que Florentino Ariza conocía mejor que nadie, tenía contratos de carga, de pasajeros, de correo, y muchos más, ineludibles en su mayoría. Lo único que permitía saltar por encima de todo era un caso de peste a bordo. El buque se declaraba en cuarentena, se izaba la bandera amarilla y se navegaba en emergencia. El capitán Samaritano había tenido que hacerlo varias veces por los muchos casos de cólera que se presentaban en el río, aunque luego las autoridades sanitarias obligaban a los médicos a expedir certificados de disentería común. Además, muchas veces en la historia del río se izaba la bandera amarilla de la peste para burlar impuestos, para no recoger un pasajero indeseable, para impedir requisas inoportunas. Florentino Ariza encontró la mano de Fermina Daza por debajo de la mesa.

-Pues bien -dijo-: hagamos eso. El capitán se sorprendió, pero en seguida, con su instinto de zorro viejo, lo vio todo claro.

-Yo mando en este buque, pero usted manda en nosotros -dijo-. De modo que si está hablando en serio, deme la orden por escrito, y nos vamos ahora mismo.

Era en serio, por supuesto, y Florentino Ariza firmó la orden. Al fin y al cabo cualquiera sabía que los tiempos del cólera no habían terminado, a pesar de las cuentas alegres de las autoridades sanitarias. En cuanto al buque, no había problema. Se transfirió la poca carga embarcada, a los pasajeros se les dijo que había un percance de máquinas, y los mandaron esa madrugada en un buque de otra empresa. Si estas cosas se hacían por tantas razones inmorales, y hasta indignas, Florentino Ariza no veía por qué no sería lícito hacerlas por amor. Lo único que el capitán suplicaba era una escala en Puerto Nare, para recoger a alguien que lo acompañara en el viaje: también él tenía su corazón escondido. […]

La víspera de la llegada hicieron una fiesta grande, con guirnaldas de papel y focos de colores. […] Transcurrían en silencio como dos viejos esposos escaldados por la vida, más allá de las trampas de la pasión, más allá de las burlas brutales de las ilusiones y los espejismos de los desengaños: más allá del amor.

Pues habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte. […] Cuando se levantaron ya vestidos para desembarcar, […] ni él ni ella, sin decírselo, se sintieron capaces de rendirse de una manera tan fácil. […]

El capitán, desde el puesto de mando, contestó a gritos a las preguntas de la patrulla armada. Querían saber qué clase de peste traían a bordo, cuántos pasajeros venían, cuántos estaban enfermos, qué posibilidades había de nuevos contagios. El capitán contestó que sólo traían tres pasajeros, y todos tenían el cólera, pero se mantenían en reclusión estricta. Ni los que debían subir en La Dorada, ni los veintisiete hombres de la tripulación, habían tenido ningún contacto con ellos. Pero el comandante de la patrulla no quedó satisfecho, y ordenó que salieran de la bahía y esperaran en la ciénaga de Las Mercedes hasta las dos de la tarde, mientras se preparaban los trámites para que el buque quedara en cuarentena. […]

Florentino Ariza lo escuchó sin pestañear. Luego miró por las ventanas el círculo completo del cuadrante de la rosa náutica, el horizonte nítido, el cielo de diciembre sin una sola nube, las aguas navegables hasta siempre, y dijo:

-Sigamos derecho, derecho, derecho, otra vez hasta La Dorada. […]

-¿Lo dice en serio? -le preguntó.

-Desde que nací -dijo Florentino Ariza-, no he dicho una sola cosa que no sea en serio. […]

-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

-Toda la vida –dijo.

Banda sonora

  • Primer extracto de la banda sonora (Antonio Pinto, interpretado por Shakira) : Hay amores


Letra

Ay ! mi piel, que no haría yo por tí
por tenerte un segundo, alejados del mundo
y cerquita de mí

Ay ! mi piel, como el río Magdalena
que se funde en la arena del mar,
quiero fundirme yo en tí.

Hay amores que se vuelven resistentes a los años,
como el vino que mejora con los años,
asi crece lo que siento yo por tí.

Hay amores que se esperan al invierno y florecen
y en las noches de otoño reverdecen
tal como el amor que siento yo por ti.

Ay ! mi piel, no te olvides del mar
Que en las noches me ha visto llorar
tantos recuerdos de tí

Ay ! mi piel, no te olvides del día
que se paró en tu vida,
de la pobre vida que me tocó vivir

Hay amores que se vuelven resistentes a los años
como el vino que mejora con los años
así crece lo que siento yo por ti

Hay amores que parece que se acaban y florecen
y en las noches del otoño reverdecen
tal como el amor que siento yo por tí
yo por ti…por ti…como el amor que siento yo por tí

 

  • Segundo extracto de la banda sonora (Antonio Pinto, interpretado por Shakira) : La despedida



Letra

No hay más vida, no hay
No hay más vida, no hay
No hay más lluvia, no hay
No hay más brisa, no hay
No hay más risa, no hay
No hay más llanto, no hay
No hay más miedo, no hay
No hay más canto, no hay

Llévame donde estés, llévame
Llévame donde estés, llévame

Cuando alguien se va
El que se queda sufre más
Cuando alguien se va
El que se queda sufre más

No hay más cielo, no hay
No hay más viento, no hay
No hay más hielo, no hay
No hay más fuego, no hay
No hay más vida, no hay
No hay más vida, no hay
No hay más rabia, no hay
No hay más sueño, no hay

Llévame donde estés, llévame
Llévame donde estés, llévame
Cuando alguien se va, él que se queda sufre más
Cuando alguien se va, él que se queda sufre más…
sufre más.…

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